sábado, 22 de septiembre de 2012

Capitulo 3

Bueno nosotras nos fuimos en un taxi porque no es que estuviéramos en condiciones de conducir... Cuando llegamos a casa nos duchamos nos pusimos el pijama y nos fuimos a dormir.
En torno a unas cuatro horas tocaron a la puerta, eran Alex y Adrián.
-Abrirnos que no tenemos llaves-Dijo Adrián bastante ebrio mientras Alex se reía.
-Eso eso abrid.
Me levanté a abrirles la puerta y nada mas abrir la puerta Alex se lanzó a abrazarme diciéndome:
-¡Buenos días Miriam, guapa!
-Buenos días a ti también Alex jaja.
Pasó y se tumbó en el sofá. Adrián se apoyó en la puerta y dijo:
-¿Qué, esta noche hay tema?
Solté una carcajada irónica y le cerré la puerta en las narices. Me tumbé en el sofá y llegó Marina; Adrián seguía llamando a la puerta y cuando Marina abrió  la puerta, Adrián llevaba la nariz ensangrentada y Marina preocupada le preguntaba que le había pasado.
-Nada que aquí tu amiguita me ha cerrado la puerta en las narices. -Marina sacó algodón y agua oxigenada para curarle.
-Esto si que és una mujer de verdad, no como tú que me pegas. -Repetía en un tono alto.
-Ya, ya, lo que tú digas Adrián, bueno me voy a dormir- Les dije bostezando.
-¡Espera que me voy contigo!-Se levantó corriendo y se acercó a mí.
-Si claro en tus sueños- Cerré la puerta y me volví a acostar.
-La tengo loquita.- Decía presumiendo.
Poco después llegó Marina; Marina y yo dormíamos en una habitación y Adrián y Alex en otra.
A las siete de la mañana o así noté como alguien se metía en mi cama pero supuse que era Marina y seguí durmiendo, después empezó a darme besos y me tocó algo que no me debería de haber tocado, y hay dejé de pensar que era Marina... Abrí los ojos, me giré y vi que Adrián. Le di un empujón y le tiré de la cama girándole furiosa: -¡Dejame en paz de una vez! ¿No te das cuenta de que lo único que haces es perder el tiempo? ¡Qué no me gustas! -Le tiré la almohada y me dijo.
-Con lo bien que estaba durmiendo yo, vas tú y me despiertas.- Acto seguido salió de la habitación dando un portazo.
-¡No te soporto!- Le grité para asegurarme de que lo escuchaba.
By: Marina & Esther

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